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Camelot

Etiquetado en : Economía , Corrupción
Publicado: 29-07-2013
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Hoy que está tan de moda revelar secretos que levantan los colores a políticos, personajes públicos y hasta a naciones enteras, sería muy fácil apuntarse al caballo ganador. Pero ya les digo que no es mi caso. Yo no pretendo ser una versión remozada, o si lo prefieren, barata, de Julian Assange, el cabo Manning, el mayordomo del Papa, o del último en sumarse al circo, Edward Snowden. Tiempo habrá en otra ocasión para hablar de todos ellos, si bien me temo que su futuro va a ser muy similar al de aquellos tres que entregaron a Viriato, o del mismísimo Judas. Y es que la Roma de turno, nunca paga a traidores.

Pasemos pues a lo que me interesa recalcar, y que no es otra cosa que mi presencia a lo largo de casi tres años en una parte de ese Camelot tan particular donde el rey no era el mítico Arturo, ni tampoco el centurión Artorius, sino un banquero llamado José Luís. Llegué a su mundo casi por casualidad, pues días antes de recibir la oferta de trabajo, ya tenía preparadas las maletas para irme a otro lado. Dicho sea de paso, lo cierto es que en ese momento concreto, dejé que la comodidad primara sobre otro tipo de cuestiones. Además, el plan no era tan malo, máxime teniendo en cuenta que soy una persona que disfruta cuando está rodeado de un ambiente cultual. En el edificio que la fundación tiene en la capital compostelana vi de primera mano la obra de Chillida, y comencé a entender el significado de sus "lurras" y gravitaciones. Tuve noches enteras para contemplar las joyas pictóricas que llegaron desde el museo Thyssen, y las no menos impresionantes que fueron cedidas desde El Prado, permitiéndonos recorrer siglos de Historia a través de unos lienzos llenos de vida. Y por si esto no fuera suficiente privilegio, tuvimos también el honor de albergar en primicia, la exposición que recogía las obras más representativas de la gran Frida Kahlo. Impresionante¿verdad? Yo también lo creo.

El problema surge cuando uno deja de lado el deslumbre producido por tanta joya y empieza a pensar lo que cuesta todo eso. El problema continúa cuando se ve desfilar por ese edificio, en cuya última planta el rey José Luís despachaba a base de audiencias a políticos de toda clase, color y condición. El problema te da de bruces, cuando uno se cree grande sin serlo y se mete a jugar con los mayores sin tener fuerza o experiencia. Todos nos hemos llevado una patada o un codazo, y quizás por eso aprendimos la lección. Pero cuando en el horizonte asomaban ya las primeras nubes de esta crisis que nos devora lentamente, el rey José Luís prefirió ser cigarra que hormiga. En vez de asegurar lo que ya tenía, y pensar en las muchas personas que habían confiado en el buen nombre de su institución, se lanzó a una gira americana y asiática, abriendo sucursales en Panamá, Miami y Shangai. Luego vino lo que vino.

La burbuja reventó en el momento menos oportuno, y pilló al paciente con las defensas bajas. El resultado bien lo conocemos. El negocio de las preferentes con el que se quería apuntalar el megaproyecto resultó un entramado de ingeniería financiera rayano en lo fraudulento y los miles de inversores que habían confiado en el banco se volvieron contra él. Ahora el rey José Luís ya no está al frente, y si bien tanto el banco, que antes de cambiarle el nombre siempre fue La Caja de Ahorros de Galicia, y muchos de sus empleados no tiene culpa de los tejemanejes del director, lo cierto es que el daño que se le ha hecho a la institución es casi irreversible. Ahora que ha perdido su trono, me pregunto a qué o a quién recurrirá el señor Méndez para salir del atolladero en el que se metió él solito, porque teniendo en cuenta ese carácter altivo del que siempre hizo gala, se habrá dado cuenta que a su alrededor nunca tuvo amigos sino intereses. Y hasta yo, que siempre fui de letras, recuerdo la famosa fórmula, pero a él ya no le quedan ni capital, ni rédito, ni tiempo. Eso sí, todo lo que había ganado, lo ha partido por cien, cuando no por mucho más.
Jacobo Otero Moraña
Jacobo Otero Moraña
Nacido en Santiago (1970), aunque siempre se sintió un riveirense más. Estudia derecho en la Universidad compostelana, si bien su trayectoria profesional nunca estuvo ligada a despachos y salas judiciales. Residió durante años en Baleares, Andalucía y norte de Burgos,y tras un nuevo periodo en Galicia, ha fijado su residencia en Almería, donde ejerce como funcionario de la administración estatal. Compagina su profesión con la escritura, y ya tiene dos novelas en el mercado. OPERACIÓN SIDI(ganadora del IV CERTAMEN NARRATIVO,Grupo Éride),y EXPEDIENTE OTHALAN, un nuevo thriller donde ficción y realidad van de la mano. Actualmente trabaja en el tercer volumen de la saga, que llevará por título LA ESPUELA DEL DRAGÓN, con la que pretende cerrar su particular "distropía" sobre el 11-S. También ha colaborado en radio y prensa a través de artículos de opinió, y desde hace unos meses, conduce junto a Antonio Almécija el programa EL TERCER HOMBRE, de Candil Radio, en el que cada semana se entremezcla Historia,Literatura y Cine.