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Corcoesto: oro, arsénico y corrupción política

Etiquetado en : Política , Corrupción , Movimientos sociales , Ecología , Minería
Publicado: 30-07-2013
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En mayo de 2012, la compañía canadiense Edgewater presentó a exposición pública su proyecto minero para Corcoesto, una pequeña localidad del ayuntamiento de Cabana, en Galiza. El proyecto pretende extraer 34 toneladas de oro durante un período de 8 años, utilizando para ello el método de lixiviación de la roca con cianuro.

La presencia de oro en la zona de Corcoesto es conocida desde antiguo: ya en su día fue explotado por los romanos, y más adelante, a principios del siglo XX, por una compañía inglesa. Pero la poca concentración que actualmente hay de oro en la roca dificultaba su explotación. El oro que algún día fue veta visible, se encuentra hoy en proporciones microscópicas: 1,6 gramos por tonelada de roca. Para acceder a la roca que contiene el oro habría que remover antes muchas otras toneladas de suelo, generando 6 tm de residuos por cada gramo de oro obtenido.

En definitiva: 1 gramo de oro por cada cerca de 6 toneladas de suelo.

Como puede resultar rentable una explotación con un contenido tan bajo en oro?

Que un proyecto de estas características sea viable, sólo se explica se se dan ciertas condiciones:

- Aumento del precio del oro, que en estos momentos es un valor refugio.
- Uso de tecnologías que permitan una extracción rápida con una baja inversión: minaría a cielo abierto y lixiviación con cianuro.
-Connivencia de los poder locales, que llegan a extremos de hacer cambios legislativos para favorecer a las empresas mineras. Así, recientemente se recogió en la legislación gallega la figura de “proyecto estratégico”. Un proyecto que consiga esa calificación obtendrá ventajas como exenciones fiscales o reducción del período de exposición pública,
dificultando diera manera la labor de control de los colectivos ecologistas.
- Concesión de suculentas subvenciones por parte de las administraciones locales.
- Exención de tasas fiscales, que abarata enormemente los costes de las operaciones.
- Uso de mano de obra barata, propiciada en nuestro caso por la situación de crisis aguda con una elevada tasa de paro. El proyecto de Corcoesto prevé trabajar 24 horas diarias, en turnos de 12 horas.
- Legislación poco exigente en materia medioambiental, y/o poder públicos que hagan “la vista gorda” cuando se incumple la ya de por si poco restrictiva normativa. La metodología empleada por la empresa para la evaluación del contenido de arsénico en los residuos, por ejemplo, es una metodología que ya no se utiliza en Europa, por considerar que minimiza enormemente los resultados. Aquí se les permitió utilizarla, e incluso se emitió una DIA (Declaración de impacto ambiental) favorable al proyecto en base a esos datos.

En nuestro país se dan todas esas circunstancias. Vivimos en un momento en el que el paro alcanza cotas del 25 % (alrededor del 50% en la población más joven), con unos gobiernos enormemente corruptos y dispuestos a malvender nuestro territorio a las multinacionales extranjeras, una legislación permisiva y con absoluta ausencia de controles sobre su cumplimiento...y con el precio del oro por las nubes, aunque, afortunadamente para quienes nos oponemos a esta barbarie, bajando en los últimos tiempos.

El proyecto minero de Corcoesto puede tener graves repercusiones ambientales sobre una zona que está muy próxima a la Red Natura: el río Anllóns, que forma parte de Red Natura, discurre a sólo 100 metros de la zona de explotación, y los especialistas coinciden en que tanto él como su desembocadura, una ZEPA con una enorme biodiversidad, se verán afectados.

No sólo por el uso previsto de 1'49 toneladas diarias de cianuro para la lixiviación (las hemerotecas están llenas de desastres medioambientales provocados por la rotura de balsas conteniendo restos cianurados, así como accidentes en su transporte), sino también por la presencia de enormes cantidades de arsénico en el suelo donde se pretende realizar la
explotación.

Y es que el oro de Corcoesto está, como ocurre en muchos sitios, asociado a arsenopirita, así como, en menor cantidad, a metales pesados. El arsénico presente en la arsenopirita se liberaría al medio al producirse las explosiones de enormes dimensiones que se prevé realizar (que arrancarían 37.800 m3 de material cada una). La única medida prevista para evitar la dispersión del polvo procedente de estas explosiones (y que contendrá, obviamente, arsénico) consiste en instalar pantallas vegetales, de modo que previsiblemente el polvo, en los días de viento, alcanzará varios km a la redonda, afectando, entre otras cosas, los pastos de los que se alimenta nuestro ganado.

También se liberará arsénico durante el procesado de la roca, que requiere que esta sea molida muy finamente para poder ser lixiviada. Al quedar reducida a un polvo fino, como la harina, la solubilidad del arsénico presente en ese polvo será unas 10.000 veces superior a la que presenta actualmente, insertado en la roca. De este modo, se incorporaría con mucha mayor facilidad al medio: a las aguas, al aire y al suelo. No es necesario recordar la elevada toxicidad del arsénico, así como su carácter cancerígeno (tal y como nos recuerda la OMS) y teratogénico.

Varios estudios alertan de la presencia de arsénico en las aguas de Corcoesto ya en la actualidad, y atribuyen esta presencia a la liberación de esa sustancia como consecuencia de la antigua explotación minera, a principios del siglo XX. Si una explotación tradicional, de pico y pala, contribuyó a movilizar el arsénico de tal modo que todavía hoy estamos sufriendo sus consecuencias...¿hasta donde llegará la liberación de arsénico con las técnicas tan agresivas que piensan utilizar ahora? Un reciente informe, elaborado a petición de la Plataforma pola defensa de Corcoesto e Bergantiños por David Rubinos y respaldado por autoridades en la materia como Rosa Devesa-Rey, Ma Teresa Barral y Francisco Díaz Fierros, alerta de las posibles consecuencias para la salud humana, e indica la necesidad de realizar nuevos ensayos de lixiviación, más exactos y rigurosos que los llevados a cabo por la empresa, que permitan calcular la cantidad real de arsénico a movilizar, y valorar los riesgos derivados.

A las repercusiones ambientales hay que sumar las económicas. A pesar de que la empresa anuncia su proyecto como el salvador de la economía local, son cada vez más las voces que denuncian que será todo lo contrario: una ruina a medio plazo. La vegetación y el suelo quedarían dañados de manera poco menos que irreversible, y muchas pequeñas explotaciones agroganaderas, que son la base de la economía de la comarca, se verían gravemente afectadas.

También se verían afectadas la pesca, y, muy especialmente, el marisqueo, ya que la desembocadura del río que transportaría el arsénico procedente de la explotación es un lugar de gran riqueza marisquera.

Y, obviamente, el paisaje sufriría cambios drásticos, lo que influiría muy negativamente en otro de los sectores económicos de la comarca: el turismo.

La contaminación de aguas y atmósfera haría además que las personas vieran constantemente expuesta su salud a riesgos innecesarios. La población de Galiza está muy dispersa, y alrededor de la zona del proyecto hay varios núcleos de población que se verían afectados.

Desde hay algo más de un año, diversas asociaciones de la zona, así como grupos ecologistas gallegos, se están movilizando para informar a toda la población de los riesgos derivados de este proyecto. Cada vez son más las voces que se alzan contra él, tanto desde la población local como desde el ámbito científico.

No se puede arriesgar el futuro de las generaciones próximas sólo para satisfacer la codicia de una multinacional sin escrúpulos apoyada en poderes locales que tampoco parecen tenerlos.

El oro no se bebe. Queremos seguir conservando nuestra soberanía alimentaria. Queremos dejar en herencia a las generaciones próximas las tierras fértiles que heredamos de las que nos precedieron, y no un desierto aderezado con tóxicos.

Galiza, señor Feijóo, no tiene vocación de mina
Nela Abella
Nela Abella
Corme (Ponteceso) en el 1959. Maestra de primaria. Desde hace varios años es activista de la asociación ecologista gallega Verdegaia, de la que es representante en la Plataforma por la defensa de Corcoesto y Bergantiños, y en la red ContraMINAcción.