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Algo se mueve en el feminismo

Etiquetado en : Feminismo , Movimientos sociales
Publicado: 26-07-2013
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Durante décadas, el feminismo español se aquejó de una enfermedad grave y de difícil diagnóstico: la fragmentación. El resto de Europa nos miraba expectantes desde nuestro aterrizaje en la democracia y quedaron contrariados con el resultado. Las diferencias entre las corrientes se convirtieron en abismos y las semejanzas se volvieron poco más que polvo. Diferencias teóricas sobre el género y los roles; sobre la incorporación al circuito de los partidos políticos; sobre los cambios en legislación; e incluso, sobre la realidad de mujeres diferente a la común. La falta de colaboración hizo imposible que sus actos y reivindicaciones tuviesen la fuerza necesaria para llegar a toda la población. Parecía un mal endémico. Lo más similar a un cáncer terminal. Y la única solución pasaba (y pasa) por mostrarle al mundo que otra sociedad es posible.

Esa sociedad que se conforma con que los derechos de la mitad de la población estén recogidos en un papel. Que no deja de ser un papel, por mucho que lleve en la cabecera el nombre de ley. Esa sociedad que, hasta no hace muchos años, veía “normal” los malos tratos. “Le pegaba, sí, porque venía borracho todas las noches, desde que lo echaron del trabajo”. Esa sociedad que consiente que pervivan trabas laborales a las mujeres. El techo de cristal y el veto de género en ciertas profesiones siguen vigentes. Esa misma sociedad que, cada vez que los grupos feministas reivindican una pequeña parcela de derechos, confunde feminismo con lo contrario de machismo. Perseguir la igualdad entre hombres y mujeres no es delito, ¿o sí?

Un solo detonante que nos pusiera en marcha, una sola razón para mirar hacia adelante. Cuando se dejan en un segundo plano las diferencias y se trabaja conjuntamente sobre las semejanzas, las cosas cambian. Convencemos. Sumamos. Ilusionamos. Eso fue lo que ocurrió el pasado 16 de junio. Miles de personas se acercaron para reivindicar los derechos de las mulleres a decidir sobre su maternidad. Y no fue una manifestación cualquiera. A pesar de la lluvia, gente llegada de toda Galicia se reunió para reivindicarse. Pancartas, lemas, canciones. Fue una manifestación abierta a la participación de todo el mundo, donde nadie se sintió fuera de lugar, ni tapado por unas siglas. 

La manifestación de la Plataforma polo Dereito ó Aborto fue fruto del trabajo de más de 50 asociaciones gallegas. Muy diversos puntos de vista y un objetivo común: evitar la derogación o modificación de la Ley de salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo. No nos conformaremos con una paralización de la reforma. Nuestra lucha no acabó aún. ¿Será ésta la piedra que necesitamos para unificar esfuerzos? ¿Seremos capaces de seguir junt@s en otros campos?
Vanesa Noya Quintela
Vanesa Noya Quintela
Santiago de Compostela Compostela 1987. Licenciada en Ciencias Políticas e da Administración, pola USC. Voluntaria na Asociación Mixta Teenses pola Igualdade. Co-autora do estudo “Mulleres e participación local. Analise das eleccións 2007-2011”.