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Política y futuro

Etiquetado en : Política
Publicado: 01-09-2013
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1.- La política como el arte de lo posible. El arte de hacer posible lo necesario. El arte, incluso, de lograr lo necesario que se creía imposible de conseguir... Hace poco comentaba por esa herramienta de comunicación que es el Facebook, que “la política es la que hace que las calles sean como sean y estén donde están, que nuestros hijos estudien tales o cuales cosas en las escuelas e incluso que haya escuelas, la política es la que determina las horas que estarás en el trabajo y lo que cobrarás por ello e incluso que haya trabajos remunerados o esclavos, la política no hace que salga el sol, pero determina la manera en que vas a vivir bajo él. [...] todo lo recibimos desde nuestro entorno, y nuestro entorno en sociedad, se hace desde la política.”

La política estructura nuestras sociedades, esos conjuntos de personas viviendo bajo unas condiciones similares. Condiciones similares que son creadas mediante la política según nuestras necesidades, hasta diría, en un proceso dialéctico sin tregua entre todos y cada uno de los individuos que viven bajo una misma estructura social. Todos formamos parte de la política y somos parte activa, es imposible la pasividad en política, todas nuestras acciones influirán en la estructura social en la que nos desarrollamos. Somos Homo politicus en cuanto nos establecemos en una sociedad. A día de hoy han conseguido que sintamos que la política sea algo lejano y que no nos compete, y que pensemos que delegamos nuestro poder para cambiar nuestras sociedades en ciertos grupos de personas, cuando en realidad nuestro poder en política es indelegable, no es algo que se pueda transferir, es inmanente a cada acto realizado, todo acto es político, lo que hemos cedido es nuestro poder ejecutivo no nuestro poder político, el poder ejecutivo lo hemos centralizado y nos hemos desentendido de nuestro poder ejecutor para cambiar nuestro entorno, y nos sometemos y nos hacemos sumisos y todo lo aceptamos hasta puntos en los que ya está nuestra supervivencia en juego. Participar en la política va mucho más allá de votar a un partido político, de acudir a las manifestaciones que convocan los sindicatos o ciertos colectivos, de hacer huelgas, de reclamar y delegar en otros para que nos den lo que consideramos que nos es necesario. Toda acción realizada en sociedad es un acto político repercutiendo en nuestro entorno, en nuestra estructura social. La cuestión está en entender que todo lo que hacemos influye en toda la estructura social en la cual estamos inmersos. Hay que darle identidad y peso a nuestras acciones para que se encaminen a lograr nuestras necesidades, tenemos todo el poder de cambiar lo que deseemos, lo que no significa que lo logremos, es, como decía, una dialéctica constante, una lucha de identidades buscando satisfacer las necesidades de cada persona, es pura política, pura vida en sociedad.

2.- El futuro

¿Hacia dónde nos estamos dirigiendo? No tengo la menor idea, para ser sinceros. Por mi parte, sobre todo, he estado pensando en que la situación que ahora estamos viviendo se dice económica, monetaria, de deuda, de bancos, de dinero. Y pensé por un instante qué ocurriría si todo el dinero desapareciese. Y me dije, no pasaría nada: El dinero no mueve máquinas, las mueve el combustible, la electricidad, los motores. El dinero no se come. No se bebe. No se respira. El dinero no me da la fruta cuando voy al mercado, me la da el frutero. Tampoco hay árboles de dinero, los hay frutales. Y los riega la lluvia o el agua que le proporcionamos nosotros. El dinero no fabrica ropa, lo hacen las personas, con toda la industria, toda la tecnología que hay detrás, ropa que luego vestirá también el frutero que me dio la fruta. El dinero no cura enfermedades, lo hacen los médicos y la investigación, las personas y nuestros saberes. El dinero tampoco escribe libros, lo hacemos nosotros, y los leerán los médicos, fruteros, investigadores y panaderos porque se los dará un librero. El dinero no organiza sociedades, lo hacen las personas. No sé, tampoco hace falta que me extienda mucho con esto, se entiende de sobra que lo único que mueve el dinero: es nada: es a nosotros... No tengo ni pajolera idea de política ni de economía ni similares, al menos, de esa política y esa economía y esos similares que hoy nos mueven. Pero tengo claro que nuestro futuro, pasa por nuestras manos, y no por las manos del dinero, el capital, el euro, el dólar, porque sus manos son las nuestras. Ojalá todo esto derive en una gran guerra, pero una del pensamiento, donde la única víctima sea nuestra manera actual de someternos.

Todo esto suena redemagógico. Lo sé. Pero es lo único que soy capaz de aportar, lo único que siento ahora mismo, respecto a nuestro futuro. Siento que estamos sometidos, de una manera bestial, a esta actual sociedad capitalista. El dinero es lo que básicamente nos mueve, hace que cada mañana nos despertemos apagando el despertador y salgamos a hacer lo que nos toque, para cobrar a final de mes. Hace que lo deseemos para poder cumplir otros deseos, para pagar nuestros hogares, nuestras comidas, nuestras ropas. El dinero, a día de hoy, es nuestro mayor impulso y nuestra principal guillotina, porque por tenerlo, nos sometemos a lo impuesto. Algo tiene que cambiar, con urgencia, en nuestro interior. ¿O tal vez no? ¿Tal vez es que somos así y así lo queremos, a día de hoy? ¿Tal vez es que algunas personas necesitamos someternos porque somos incapaces de plantearnos nuestro futuro y nuestra manera de vivir, porque igual que el frutero me da la fruta, el político me da una estructura social y el dinero me da la posibilidad de moverme en ella? Porque nuestro futuro es ese que llegará dentro de cinco segundos y también el que llegará dentro de veinte años, y no sabemos qué hacer con él, la mayoría de nosotros, salvo dejarnos llevar, cada uno con su vida establecida, con la moneda de cambio mediante, con nuestros gritos por las calles y nuestros besos en nuestros hogares. (Y no he sido capaz de poner nuestras calles.) Tal vez así lo sea, al menos yo, desde luego, no tengo ni idea de qué hacer para que los que ahora nos gobiernan, lo hagan de otra manera... y cuando digo lo hagan, ya estoy aceptando mi sumisión a cambio de estabilidad. (¿No os acaba de venir a la mente el feudalismo con esto de sumisión a cambio de... seguridad?) De los artículos que he escrito, este es sin duda el que más me está costando.

Tengo tantos pensamientos que se contradicen entre sí que ni me lo creo.

Lo cierto es, también, que ningún sistema político dura siempre, que este sistema, como tantos otros, dentro de unos años, será otro diferente, y que habrá personas que dirigirán el cambio y otras que se dejarán dirigir, y otras que influirán en los que dirigen, y otras en los sometidos, todo retroalimentándose.
Porque ahora mismo, a mí, lo único que se me ocurre para la gente de a pie, es sacar el dinero de los bancos y ver qué sucede... ¿Y por qué hacerlo? ¿Qué plantear después? ¿Qué deseamos? ¿Qué nos mueve? ¿Qué queremos hacer de nuestra vida?

La impotencia que siento ahora mismo sólo lo saben mis dedos incapaces de teclear más.
Me he parado un rato. He fumado un cigarro en la terraza, he vuelto adentro y he pensado: ¿Qué es lo que mueve a esas personas que no necesitan dinero porque ya lo tienen? Y entender que cada vez que digo lo de qué nos mueve, me refiero a ir hacia el futuro, a nuestras acciones y pensamientos, que son los que nos conducen en una manera u otra a través del tiempo, hacia el futuro siempre ¿en el futuro siempre? Y entonces ¿qué les mueve a ellos? ¿Qué futuro imaginará alguien que ya no necesita trabajar por obligación monetaria?
Me siento ahora mismo realmente ignorante. Y no por esta pregunta absurda, sino por sólo ser capaz de tener esta pregunta.
¿Qué hacer para que el tiempo transcurra según nuestros deseos?
¿Qué hacer para que el tiempo transcurra según nuestros deseos si apenas entendemos nuestros deseos?
¿Qué vida queremos, lo sabemos? ¿Por qué no lo sabemos? ¿Cómo desapegarnos de todo lo recibido, de nuestra estructura mental venida del exterior y modelada a duras penas en nuestro pensar? Y cuando digo del exterior, me refiero en gran parte a ese exterior que recibimos con la finalidad de moldearnos hacia un lado o hacia el otro para manejarnos socialmente hacia un lado o hacia el otro.
Y cuando digo nuestro, siempre me refiero a mí el primero, que después cada vida es un universo, la verdad, y no sé qué sentiréis en realidad, a veces siento verdadera lejanía con mi exterior, y tal vez ese es uno de los problemas: la falta de empatía con el pensar y el sufrimiento ajeno a uno, lo cual nos lleva a lugares comunes para entendernos, a los pocos lugares comunes de nuestras vidas que encima casi siempre vienen marcados externamente, y a obviar todo lo demás que nos podría enriquecer.

Pienso en el libro 1984.

Me siento bola de billar.

Me siento mal por no saber tener respuestas y sólo preguntas que no sé qué coño de respuestas buscan y qué pueden aportar a quien las lea.

¿En qué sociedad queremos vivir? ¿Y por qué querríamos vivir en tal sociedad pensada?

¿Será siempre el hombre un lobo para el hombre? ¿Y por qué esto siempre se entiende como “malo”? ¿”Malo” sólo para el que es comido? ¿El que come al otro pensará igual?

Pienso en Nietzsche. Pienso en Schopenhauer.

Creo que no me he acercado ni lo más mínimo a la tecla adecuada para meditar sobre
mi futuro.

¿Qué futuro nos espera?

¿Qué futuro podremos construir?
Rubén Darío Fernández
Rubén Darío Fernández
Rubén Darío Fernández (Madrid, 1978) Biólogo y Doctor en Neurociencias. Escritor, editor y director de Revista Excodra y Excodra Editorial. Ha publicado la novela Puzzle -Alma ha muerto- (Ediciones Atlantis, 2006) y la colección de narrativas breves Excodra -Homenaje a lo maldito- (Excodra Editorial, 2013), entre otros textos. Organiza en Barcelona las Jams de Poesía Embriáguense y actúa en la compañía Teatro Excodra.