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Nueva clase obrera, viejo sindicalismo y nuevas formas de organización

Etiquetado en : Política , Economía
Publicado: 24-08-2013
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Hay una clara tendencia entre amplios sectores de la izquierda y del sindicalismo alternativo, tan anticuado y obsoleto como el mayoritario, en culpar del desapego que los trabajadores tienen hacia los sindicatos a su burocratización. En mi opinión, ese es un análisis simplista que no profundiza en absoluto en la esencia del problema, que no es otro, fundamentalmente, que la falta de actualización de las viejas y trasnochadas estructuras sindicales a la realidad de la nueva clase obrera postfordista surgida al calor del neoliberalismo. La desindustrialización provocada por el traslado de empresas a países sin legislación laboral y con sueldos esclavistas ha hecho desaparecer casi por completo a la gran industria, granero clásico de afiliados a los sindicatos, y la atomización del mundo del trabajo en múltiples pequeñas empresas y falsos autónomos hacen completamente obsoletas las viejas estructuras sindicales basadas en ramas industriales. El sindicalismo hace mucho tiempo que se tenía que haber organizado por ámbitos laborales. Por ejemplo, en un centro comercial o en un polígono industrial hay miles de trabajadores repartidos en cientos de empresas de todo tipo. La mayoría de ellas apenas pasan de la media docena de empleados, por lo que ni siquiera llevan a cabo elecciones sindicales. Deberían de elegirse representantes sindicales por cada centro comercial o por cada polígono industrial, al margen de la actividad que desarrolle cada una de esas empresas. Pero no sucede así, por lo que nos encontramos con que el sindicalismo no ha conseguido llegar a esos trabajadores, que a día de hoy son la mayoría, y al no hacerlo ha fracasado en la mayor y más importante de sus funciones: El empoderamiento de los trabajadores, el sentido de colectividad que es lo que al final, crea la conciencia de clase imprescindible para defenderse de los abusos de las patronales. Y eso sin olvidar el olvido total y absoluto que las centrales sindicales han tenido y siguen teniendo hacia los trabajadores desempleados, que son cada día más, y a los que se ha abandonado a su suerte, sin ninguna organización que les permita empoderarse, seguirse sintiendo parte de la clase trabajadora y mantener su dignidad y su conciencia de clase. Sólo hay que echar una ojeada a los cursos que ofrecen los sindicatos para darse cuenta de que estos van dirigidos, en su gran mayoría, a trabajadores con empleo, cuando podían ser una magnífica oportunidad para mantenerse en contacto con estos trabajadores sin trabajo, aunque esos cursos no les valiesen para otra cosa.

Esto nos lleva directamente al otro gran problema que se le achaca a los sindicatos: Su claudicación ante las patronales y el sistema económico capitalista que las sustentan. De esto también se le echa la culpa a la burocratización sindical, pero en el análisis se olvidan varias cuestiones. Una de ellas es que existen sindicatos que no están burocratizados, pero que tampoco atraen a los trabajadores, debido quizá a su discurso revolucionario. No nos olvidemos que los sindicatos son de por sí organizaciones pactistas y reformistas, (esa es su razón de ser, negociar con las patronales mejoras laborales) y no una vanguardia revolucionaria como pretenden algunos. Y esto no es un problema de ahora, sino de siempre. Ya Rosa Luxemburgo,en su texto “Huelga general,partido y sindicatos” alertaba, a principios del siglo XX, de la peligrosa tendencia del SPD alemán a hacerle seguidismo a los sindicatos en sus posturas reformistas, alertando de que los sindicatos eran lo que eran, organizaciones reformistas que querían obtener beneficios para los trabajadores dentro del sistema, pero que la función del partido era otra: La de construir una alternativa al sistema, por lo que era importante convencer a los sindicatos de que siguieran al partido, y no al revés.

Todo esto se ha agravado con la irrupción del neoliberalismo, del postfordismo y de la atomización y precarización del mundo del trabajo. Ante el continuo cierre de empresas y el aumento de la precarización, los escasos obreros industriales y funcionarios, aquellos que forman la masa de trabajadores sindicados, se han hecho tremendamente conservadores y se niegan a participar en cualquier lucha que ponga en riesgo sus derechos elementales, convertidos, a día de hoy, en auténticos privilegios. El sindicalismo se ha hecho corporativo, es decir, se preocupa de mantener el estatus de los trabajadores en activo, o al menos perder lo menos posible, pero es inútil esperar a que exijan más. Tratar de que los sindicatos asumieran consignas como la del reparto del trabajo resulta impensable. Los que antes se consideraban la “vanguardia de la revolución”, a día de hoy son la mayor de sus rémoras. Y con respecto a los trabajadores precarios, imposibles de empoderar a través de una organización ya que no pueden adquirir espíritu de colectividad, (hoy trabajan en esta empresa, mañana en otra, pasado mañana están desempleados), poco se les puede pedir, ya que su trabajo está permanentemente pendiente de un hilo.

Esto nos tendría que hacer reflexionar cuando lanzamos alegremente consignas como la huelga general, una herramienta de lucha muy útil durante el capitalismo industrial y fordista, pero tal vez completamente inútil a día de hoy, con una legislación laboral que permite el despido a la primera de cambio. Los escasos trabajadores industriales se negarán a ella, y la gran masa de trabajadores precarios no se atreverán a hacerlo. No se les puede pedir que se conviertan en mártires. Es fundamental diseñar nuevas formas de protesta que no impliquen una huelga general, en mi opinión, condenada al fracaso, y los fracasos son muy difíciles de superar. Así como buscamos nuevas formas de hacer política, así también hay que buscar nuevas formas de lucha.

Pero sobre todo, hemos de tener en cuenta que estamos ante un problema político, el capitalismo en su vertiente mas despótica, el neoliberalismo, no ante un problema laboral, y que es la política y los movimientos políticos, y no los sindicales, los que han de organizar la lucha y dar solución a nuestros problemas.

Es por eso que creo tan fundamental articular de una vez por todas ese nuevo movimiento político,(y digo movimiento, no partido) que sirva tanto como referente electoral como organizador de la movilización y catalizador de la indignación popular. Y aquí es donde veo grandes discrepancias, aquí es donde veo un despiste generalizado de la izquierda, incapaz de encontrar el equilibrio entre las enseñanzas del método de análisis marxista y el embobamiento en que nos ha sumido el postmodernismo imperante en los últimos tiempos. Estamos cayendo en el error de considerar a la sociedad civil como un sujeto antagónico a algo, en este caso, a la casta política y a las oligarquías, olvidando que la sociedad civil por sí misma no es antagónica a nada, sino que es dentro de la sociedad civil donde se producen los antagonismos. La sociedad civil es heterogénea, y no tienen los mismos intereses el trabajador explotado que el empresario explotador, el obrero desahuciado que el banquero desahuciador, y todos ellos forman parte de la sociedad civil. No caigamos en el discurso de los Mario Conde, Rosa Díaz o Beppe Grillo.

A veces tengo dudas de si el 15M ha servido para avivar conciencias o para diluirlas como un azucarillo en una taza de café. Ha aumentado el nivel de movilización, cierto, pero ha sido tan mal utilizado, sin dotarlo de objetivos claros, sobresaturándolo, (surgen en las redes multitud de plataformas e iniciativas de dudosa implantación real, incluso sobredimensionadas por la izquierda, otro gran error, que se pasan el día convocando movilizaciones como si fuesen verbenas) que ya hemos llegado al punto de la saturación y el agotamiento. La multitud, ese concepto que puso tan de moda Toni Negri, y que vimos movilizarse en España y en otros puntos del mundo, (hace poco en Brasil) es un pollo sin cabeza que anda y anda alrededor de sí mismo hasta desangrarse y morir, (nos sobran ejemplos prácticos para comprobarlo). Es imprescindible darle ya, de una vez por todas, un carácter marcadamente político a la movilización popular, que ya está dando claros síntomas de agotamiento. No podemos seguir a remolque de todas las ocurrencias que surgen a través de las redes y que parece que tienen el monopolio de la movilización, aparte de las “procesiones de banderas y globos” organizadas por los sindicatos en su patético intento de convencernos de que no están más muertos que una momia.

El movimiento político que construyamos tiene que ser mucho más que una simple coalición electoral que presentar a unas elecciones, tiene que ser mucho más que un compadreo circunstancial entre partidos, partiditos y partidetes. Y no se trata de unir a las siglas de los partidos también las siglas de los movimientos sociales, (insisto, muchos de ellos sobredimensionados por ciertos sectores dela izquierda), como pretenden dichos sectores de la izquierda. Eso sería un error de bulto, aparte de crear tensiones internas insuperables dentro de los propios movimientos sociales y volver a poner sobre la mesa del debate la tan manida manipulación de la izquierda.Tenemos que ser capaces de construir un gran movimiento cívico-político con estructuras abiertas y flexibles que permita la participación de esos activistas que, desde el trabajo en las organizaciones sociales, hayan adquirido conciencia política. Esa es la verdadera relación que debe de tener la alternativa política con los movimientos sociales, esa y no otra, esa y no la absurda e imposible idea de integrar sus siglas en un frente político. Cuanto antes tengamos esto claro, antes dejaremos de dar palos de ciego repitiendo como loros la expresión “unidad de la izquierda política con la izquierda social” sin saber en realidad lo que eso significa.

Y para hacerlo, no podemos permitirnos el lujo de tirar por la borda todo lo construido hasta ahora. La historia de la lucha contra las injusticias sociales no comenzó el 15 de Mayo de 2011, ya venía de muy atrás. No caigamos en el error de la autoflagelación de la izquierda, en el error de pensar que todo lo hecho hasta ahora está mal hecho y que tenemos que empezar de cero. Cuando oigo decir a muchas personas de izquierda, incluso supuestos intelectuales de prestigio, que la izquierda debe de aprender de la “democracia interna” y de la “horizontalidad” de los nuevos movimientos sociales, se me ponen los pelos como escarpias. Y por una sencilla razón: Denotan un desconocimiento total de cómo funcionan en realidad esos movimientos que, en mi opinión, poco nos tienen que enseñar a los que siempre creímos en la necesidad de la democracia interna de los partidos y hemos combatido desde dentro de ellos a los burócratas, arribistas y aprovechados.

Por eso no confío en absoluto en todas las ocurrencias que pretenden crear algo totalmente nuevo y desde abajo. Vivimos en la sociedad en la que vivimos, no en la que nos gustaría vivir, y no podemos olvidar que es una sociedad donde se ha impuesto desde hace mucho tiempo el concepto que tan bien nos explicaba Gramsci de hegemonía burguesa, su escala de valores a través de una educación productivista, de unos medios de comunicación a sus servicio. Somos una sociedad que ha renunciado durante decenios a hacer política, entregando los partidos a manos de arribistas, lameculos y estómagos agradecidos, una sociedad que hasta hace muy poquito se creía clase media simplemente porque podía sacar dinero del cajero con la tarjeta de crédito que el banco le había dado tan “generosamente”, tenemos una juventud muy preparada en profesiones técnicas pero sin la más mínima cultura política, (leer en el facebook debates entre jóvenes activistas sociales resulta muy deprimente y ya no digamos asistir a una asamblea de alguna plataforma ciudadana). Esa es la realidad que tenemos, nos guste o no nos guste, y desde esa realidad, intentar construir algo desde cero y desde abajo supondría que acabaríamos todos calvos antes de que algo útil surgiese de ahí. Yo no creo en el concepto leninista de partido vanguardia, pero es evidente que hay personas,l as menos, más concienciadas que otras, con cierta experiencia política, (cuidado, no confundir experiencia política con experiencia institucional) y creo que son esas personas, a partir de los partidos existentes o que haya que construir, las que tienen que tomar la iniciativa, tirar del carro, construir las estructuras del movimiento y echarlo a andar. Será entonces cuando el resto de la gente se integrará y participará. No nos olvidemos de dos cosas fundamentales: El movimiento político perfecto no existe, (ni existirá) y el movimiento se hace andando, no esperando a que surja de la nada. Será la iniciativa y la participación en la lucha lo que lo haga crecer. Es un error pretender que surja de una chistera como si fuese el conejo de un mago.

Y para terminar, la importancia del movimiento consiste en construir contrahegemonía, y eso se consigue a través de a participación ciudadana en la movilización, en la creación de redes solidarias, en toda la multitud de formas de empoderamiento ciudadano, y eso debe de traducirse en votos a la alternativa, por eso tiene que tener un referente electoral claro. Son los partidos los que tienen que tener la iniciativa de crear las estructuras del movimiento, pero no nos olvidemos que es más importante construir el movimiento que construir un partido más o un partido menos, de una tradición o de otra.
Alejandro Blanco
Alejandro Blanco
Vigo, 1961.Durante la transicición,mientras estudiaba el bachillerato en el conflictivo Instituto de Coya,militó en las juventudes de la LCR.Con diecisiete años comenzó a trabajar como autónomo en el sector de los materiales de construcción e interiorismo,hasta que la crisis del 2008 lo dejó en el paro.Afiliado al PSOE en el año 2000,su militancia fue de muy baja intensidad,reactivándose con la creación en Vigo de Izquierda Socialista,en el 2011,y abandonando el partido en Febrero del 2012 tras el Congreso de Sevilla que aupó de nuevo a Rubalcaba a la secretaria general.Durante el 15m,participó activamente en las movilizaciones y en la construcción de Democracia Real Ya y la PAH Vigo.Baixomiño.Actalmete no milita en ningún partido aunque apoya,en la medida de sus posibilidades,la construcción de AGE como movimiento civico-político.